Como beneficia el ejercicio físico al sistema inmune.

Cada vez se está escuchando más que el ejercicio fÍsico moderado posee un efecto beneficioso sobre la salud y consecuentemente sobre el sistema inmune de las personas que lo practican.

Con este post os vamos a documentar el porqué de estos beneficios y a que se debe. Empezamos !!

Este beneficio se manifiesta por la activación del metabolismo de las grasas, la acción antioxidante y de neutralización del estrés que tanto perjudica al sistema inmune.

Además la actividad física moderada beneficia la capacidad defensiva del sistema inmunológico al inducir un aumento tanto de la producción de células inmunocompetentes como de su movilidad por el torrente sanguíneo. También favorece su activación produciendo una mayor cantidad de anticuerpos y de citosinas, predominantemente de tipo antinflamatorio.

Veamos cada una de estas posibilidades en detalle:

Activación del metabolismo.

El ejercicio ejerce un fuerte impacto sobre el metabolismo afectando significativamente al catabolismo de las grasas para obtener la energía tan necesaria para los músculos en movimiento. Este proceso hace que desciendan los niveles de grasa en el cuerpo y mejoren las condiciones de trabajo del sistema inmune, al igual que ocurre con el corazón y otros órganos.

Esta acción frente a la obesidad evita los efectos pro-inflamatorios que hubiesen sido producidos por las citocinas y leptinas segregadas por los adipocitos de los panículos grasos (tejido subcutáneo), ahora desaparecidos o reducidos como consecuencia de la actividad física.

Efecto antioxidante.

El ejercicio moderado facilita la producción de enzimas colaboradoras en los procesos antioxidantes intracelulares del organismo y muy especialmente en las células inmunitarias, como neutrófilos y macrófagos. Estos neutrófilos, monocitos y macrófagos a su vez son altamente productores de radicales libres cuyos efectos tóxicos dañan a las propias células que los producen e incluso a otras células inmunes.

Generalmente cuando se presenta una tasa alta de radicales libres es debido a un problema de obesidad, efecto que produce la destrucción de estas células. 

Entonces como el ejercicio físico puede reducir estos radicales y favorecer los procesos antioxidantes?. Pues al realizar ejercicio físico moderado se reduce las reservas de grasas consiguiéndose bajar el índice de radicales libres producido por éstas evitandose de esta manera la destrucción de neutrófilos, monocito, macrófagos y otras células inmunitarias.

Induciendo la liberación de ciertas hormonas.

Las hormonas igual que regulan el crecimiento o la reproducción actúan también modulando las acciones del sistema inmunológico puesto que los órganos más importantes del sistema inmune como el timo, bazo ganglios linfáticos e incuso las células inmunocompetentes poseen receptores para muchas hormonas. 

La actividad deportiva va asociada a cambios endocrinos importantes que afectan al sistema inmune de manera beneficiosa. Este es el caso de la adrenalina y la hormona de crecimiento (HG). Los niveles de estas hormonas aumentan como consecuencia del ejercicio y de acuerdo con lo que hoy sabemos tienen efectos beneficiosos sobre el sistema inmune.

Además la actividad física moderada induce la producción de pequeñas cantidades de cortisol que bloquea la inflamación sin poner en peligro la capacidad defensiva del sistema inmune, al no afectar por ejemplo a la fagocitosis y otras funciones esenciales del mismo. De esta manera el cortisol liberado puede intervenir disminuyendo el riego de sufrir enfermedades de base inflamatoria como infartos, artrosis, alzhéimer, párkinson, ciertos tumores, diabetes, etc.

Por lo que se refiere a la hormona de crecimiento sabemos que estimula la secreción de IL-12, que tiene entre otras funciones facilitar la activación de células inmunocompetentes, al mismo tiempo que actúa protegiendo el proceso de formación de linfocitos T en el timo.

Este efecto del ejercicio induciendo la secreción de GH es mayor en personas jóvenes que en mayores y que en personas obesas; se mantiene durante varias horas después de finalizar el ejercicio; no depende del sexo y existe una relación lineal entre la magnitud del ejercicio y el aumento de los niveles de GH.

Modulando al SNC y neutralizando el estrés psicológico.

Hoy día se sabe que el sistema nervioso central (SNC) influenciado por el ejercicio desempeña un papel importante en la regulación del sistema inmune bien de manera directa o bien a través de intermediarios hormonales.

Sabemos como durante y después de realizar ejercicio físico, o incluso tras una sesión de masajes o cuando escuchamos música que nos agrada, el cerebro produce endorfinas, sustancias naturales con poder analgésico y en muchos casos responsables de sensaciones de alivio, calma y bienestar y que influyen en el sistema inmune, especialmente en aquellas personas bajo la "losa" del estrés que pronto representará una de las mayores pandemias de la humanidad.

Efectivamente, el ejercicio moderado modifica el perfil hormonal existente en las personas bajo estrés psíquico facilitando la función del sistema inmune al bloquear el "freno" hormonal neuro-endocrino derivado del estrés. En concreto se observa que el ejercicio induce un descenso de los niveles de cortisol que elevados por el estrés estaban bloqueando al sistema inmune.

Ahora bien ¿Cómo el ejercicio hace descender las hormonas de estrés?. No se sabe a ciencia cierta pero con mucha probabilidad en ello intervienen un aumento de la producción por la glándula pituitaria y por el hipotálamo de endorfinas, también conocidas como hormonas de la felicidad u hormonas de la alegría. Estas endorfinas producidas como consecuencia del ejercicio disminuyen el estrés crónico, al neutralizar los inductores de estrés a nivel cerebral y del hipotálamo con lo cual se bloquea la secreción de, cortisol y adrenalina.

Lo fascinante de esta conexión entre sistema inmune, sistema endocrino y sistema nervioso es el hecho de un mismo estímulo pueda tener efectos sobre estas tres ramas interdependientes que se lleva a cabo a través de un timidísimo engranaje que parece funcionar a la perfección.

Linfocitos y macrófagos poseen receptores de catecolaminas y glucocorticoides lo que explica que puedan ser inhibidos por las hormonas de estrés de manera directamente y sin otros intermediarios. Así la presencia de glucocorticoides en cultivos de macrófagos produce una inhibición de las funciones microbicidas, producción de oxígeno (SRO) y especies reactivas al nitrógeno (NRS). 

Activa la expansión de células inmunocompetentes.

Un aspecto importante del ejercicio es el aumento del volumen de los capilares y de la frecuencia cardíaca bombeando más sangre a todo el cuerpo con lo que propicia la expansión por todo el organismo a través de la sangre y linfa de las células inmunocompetentes. Además esto hace que salgan muchas células inmunes de ganglios despegándose de las paredes vasculares (endotelios) donde se encuentran adheridas en situación de reposo.

Esta nueva dinámica sanguínea y linfática hace que durante la realización de ejercicio moderado se produce un considerable aumento de la concentración en sangre de células inmunocompetentes. Todo esto hace que se potencie la acción inmuvigilante de las células del sistema inmune, al aumentar su movilidad y por tanto tener más fácil acceso a microbios presentes en el torrente sanguíneo o en los tejidos.

Existen numerosos estudios de hormonas y células inmunocompetentes (lifoncitos, células NK, lifoncitos tipo B, etc) que demuestran un aumento del número durante una sesión de ejercicio, es lo que nos indica que éste debe de practicarse a diario al objeto de que estas mejoras puedan irse superponiendo cada día y así alcanzar un "plateau" de mejoras inmunológicas constantes. 

Facilita la activación a de las células inmunocompetentes.

El ejercicio produce también cambios funcionales de las células inmunocompetentes en dos aspectos.

Haciendo que estas células sean más sensibles aumentando sus capacidades secretoras de linfocinas (linfocitos T colaboradores), produciendo más anticuerpos (linfocitos B), aumentando su capacidad citotóxicas (linfocitos T citotóxicos y células NK) y facilitando la fagocítica (macrófagos y neutrófilos).

De igual manera ha sido demostrado en estudios llevados a cabo en hombres y mujeres senescentes que han realizado ejercicio moderado durante 6 meses (3 sesiones de 45 min a la semana), muestra una mejoría significativa de la funcionalidad de linfocitos y células NK.

Otros estudios (ejercicio físico con bicicleta 30 minutos a una intensidad del 60%) observaron que el comportamiento de la citotóxica (linfocito T citotóxicos) aumenta de forma significativa, inmediatamente después del inicio ejercicio, durante la recuperación desciende progresivamente hasta niveles inferiores al reposo, ya antes de los 20 minutos de duración de la prueba y observándose como a partir de los 30 minutos comienza una progresiva recuperación de los niveles mínimos alcanzados, sin llegar a recuperar a los 60 minutos los niveles iniciales.

La citotoxicidad dependiente de células NK, sigue la misma dinámica aumentando inmediatamente después del inicio del ejercicio para después disminuir tras el mismo.

La capacidad fagocítica por neutrófilos, monocitos y macrófagos también aumenta durante el ejercicio y en las horas posteriores al mismo. Esto hace que estas células produzcan importantes cantidades de IL-6 con función antiinflamatoria, al no ir asociada a la secreción de IL-1 ni TNF alfa, que son pura "dinamita para el organismo". En la sepsis no ocurre igual porque la IL-6 va acompañada de altos niveles de IL-1 y TNF- alfa.

Además, la Il-6 interviene activando la producción de inmunoglobulinas al facilitar la diferenciación de linfocitos B. Esto explica el aumento de IgA que se produce durante el ejercicio y que incluso se mantiene durante semanas después de terminado el mimo.

También durante el ejercicio moderado esta citocina es secretada por el músculo, probablemente por linfocitos y macrofágicos existentes en el mismo y que se activan como consecuencia del proceso de contracción muscular.

La inmunoglobulina de tipo IgA también aumenta con el ejercicio, tanto en la sangre como en mucosas, lo que es indicativo de una mayor capacidad funcional de los linfocitos B y de las células plasmáticas derivadas de los mismos.


Para terminar el post vamos a ir resumiendo. El ejercicio de mediana intensidad (50 -60 VO2max.) practicado de manera regular fortalece al sistema inmune por partida doble.

Por un lado actúa directamente sobre las células inmunocompetentes a través de intermediarios químicos (hormonas, citocinas, etc.) y también facilitando que la circulación sanguínea lleve éstas por todo el organismo.

Por otro, el sistema inmune se beneficia de las mejores condiciones de salud creadas como consecuencia de la actividad física realizada (disminución del grado de estrés psicológicos, control de la obesidad, etc.) al igual que lo hace el corazón y otros órganos.

Este fortalecimiento del sistema inmune nos protege frente a infecciones, tumores, evitando muchas enfermedades crónicas y retrasando su envejecimiento en los mayores.

En definitiva podemos decir que el ejercicio físico moderado beneficia y fortalece al sistema inmune en todas las edades, pero especialmente en las personas jóvenes y en los mayores.

En los jóvenes, no sólo por los beneficios que produce al organismo, sino también porque evita los perjuicios de la obesidad, que tan peligrosamente se está extendiendo entre la juventud, y que sin duda afecta negativamente a todas las funciones del organismo, incluidas las del sistema inmune.

En las personas mayores al ser más vulnerables a infecciones, su beneficio es evidente protegiéndolos de dichos males, sobre todo cuando son de tipo viral. De ahí que se diga que el "ejercicio es una de las mejores medicinas para las personas mayores", debido a su capacidad de fortalecer las defensas, en muchos casos gastadas y deterioradas por la edad.

Os esperamos por Personal Gym, para asesoraros en los mejores y más adecuados ejercicios para que consigas todos los beneficios aquí mencionados; y muchos más!!.